El oso y el cazador

Esto es un par de amigos que se encuentran tras muchos años y hablando recuerdan lo bien que se lo pasaban cuando eran jóvenes y deciden quedar ese fin de semana para ir de caza.

Uno de ellos jamás había cazado y no sabía muy bien cómo era aquello, así que decide ir a una tienda especializada y ser asesorado por el dependiente. Tras gastarse el sueldo de dos meses, el hombre va muy equipado y con balas suficientes como para extinguir varias especies.

En el bosque, los dos amigos deciden separarse para cubrir más terreno, y el novato, tras un rato, se encuentra a unos 100 metros a un oso. Una buena pieza sin duda. Así que apunta con su rifle, y tras unos segundos dispara, pero falla. El oso se da la vuelta y le ve. El miedo que le entra al cazador hace que recargue y vacíe toda su munición en poco tiempo… pero nada, no acertó. Se acerca el oso, le mira, se levanta y le dice:

Ahora lo que yo quiera ¿no?

Al cazador no le queda más remedio que aceptar las condiciones del oso que le utiliza como compañero de juegos eróticos.

Al día siguiente se despierta en la cabaña de los cazadores con un dolor tremendo en el trasero. Se encuentra a su amigo que le pide explicaciones por su desaparición. Aunque el novato no quiere volver, el amigo le convence, y por vergüenza no le cuenta lo realmente sucedido. Así que decide armarse mucho mejor, con trampas para osos, rifles de mayor precisión y más balas y el sueldo de medio año.

Llega al bosque y se repite la situación. Los amigos se separan y el novato divisa al oso. Éste que le ve, se mete detrás de un árbol y espera a que el cazador pase 10 minutos gastando todo su arsenal. Cuando termina, el oso se acerca se levanta y le dice:

Ahora lo que yo quiera ¿no?

Llega el domingo, último día de cacería, el novato no sabe cómo decirle a su amigo que no quiere ir, y por vergüenza nuevamente le vemos en la tienda vaciando todo el armamento, contactando con unos traficantes para comprar armas prohibidas y material de guerra así como algún que otro lanzallamas y más munición. Con todo esto se adentra en el bosque y llega el fatídico momento en el que se vuelve a encontrar cara a cara con el oso. Pistolas, rifles, ametralladoras, bazocas dos mil litros de combustible en lanzallamas, el bosque ardiendo, la vegetación debastada, los pájaros huyendo despavoridos. De repente, de detrás de una piedra calcinada, asoma la cabeza el oso, se acerca, se levanta y le dice:

Me parece que tú no vienes aquí a cazar.

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